CLUB SOCIAL SAN JUSTO
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"Al Servicio de la Comunidad de San Justo y La Matanza"

domingo, 29 de marzo de 2015

El secuestro de la bibliotecaria

La Bibliotecaria, un personaje icónico pero real
Video (ver): El secuestro de la bibliotecaria
El vídeo que encabeza este post dominical es el cuento El secuestro de la bibliotecaria, de Margaret Mahy, contado por la cuentacuentos Cristina Serrano Frías. Aunque es un vídeo un poco largo, recomiendo que lo veáis ya que es un cuento que aporta una visión positiva de los bibliotecarios.
Esta semana el gremio de bibliotecarios andamos revolucionados y en pie de guerra contra un periódico de tirada nacional que permitió la publicación de un insultante y degradante artículo de opinión sobre bibliotecarias y bibliotecas. Ni nombraré al periódico ni al autor de dicho escrito para no darle publicidad ni tráfico a la web, pero como bibliotecaria y redactora de este blog me siento en la obligación de hablar al respecto de esta figura: la bibliotecaria.
Y sí, digo LA, ya que es curioso cómo la figura del bibliotecario es la de un hombre sabio, respetado, que ha conseguido serenidad y paz en su vida personal, con una amplia cultura, que tiene a una dulce mujer en su casa que le recibe amorosa con la cena caliente, que le cuenta relatos heroicos a sus hijos.
Por su parte, la figura de la bibliotecaria es la de una mujer amargada, lesbiana en el sentido más despectivo con el que se ha usado este término, es decir, mujer agria que ha sido incapaz de atraer a un hombre, soltera, de maternidad frustrada, estricta, reprimida, poco atractiva, por no decir fea, que usa gafas y moños, amante de la soledad y, a pesar de estar rodeada de libros, no muestra grandes inquietudes culturales.
Sería injusto no mencionar el mito de la bibliotecaria sexy, también presente en el cine, la televisión y la literatura.
¿Exagero? Bueno, un poquito tal vez, pero hay que reconocer que en el cine, la televisión y la literatura, la figura de la bibliotecaria no es precisamente la de una mujer feliz, amable y realizada.
Algunas veces hemos hablado en este blog sobre bibliotecas, ya que es el lugar donde muchos lectores se forman y se alimentan a lo largo de su vida. Pero… ¿hemos hablado de los bibliotecarios?
Ahora ya sí uso el género neutro (que me perdonen los que promueven el lenguaje no sexista, pero defiendo el género neutro en nuestro idioma), porque en una sociedad donde la cultura ocupara el pilar que le corresponde, el bibliotecario del barrio tendría la misma importancia que le damos al farmacéutico.
De un bibliotecario esperamos que sea amable, empático, que nos atienda como si fuéramos lo único que tiene que hacer en todo el día. Tal y como me dijo un gran bibliotecario durante mi período de formación, “cuando un usuario entra por la puerta, todo el sistema se paraliza“.
Podemos esperar que sepa buscar información, no sólo en el espacio físico de la biblioteca, sino también en la red; podemos pedirle que nos forme y oriente en cuestiones de búsquedas documentales y de información; es más, podemos pedirle que nos oriente en cuestiones de información local; incluso pedirle que nos recomiende literatura, cine o música ya que no es disparatado presuponer un nivel cultural aceptable a una persona que trabaja rodeado de ella.
Lo que no debemos exigir a un bibliotecario es que vigile a nuestros hijos si los dejamos en la zona infantil ya que eso no es una guardería y nosotros no tenemos título de cuidadores infantiles; tampoco se nos puede exigir que seamos un pozo de conocimientos literarios porque la misión del bibliotecario va más allá de la literatura y la literatura no forma parte de la formación en las facultades de Documentación.
Por experiencia os digo que ser bibliotecaria es la profesión más bonita del mundo, más que la de periodista como decía García Márquez.
Y si digo la verdad, me resultaba realmente bonito ser “la bibliotecaria”.
Fuente: Rincón del bibliotecario